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    Restauran murales pintados por Quinquela Martín

    Hace dos años comenzaron las tareas de restauración de murales que habían sido pintados por Benito Quinquela Martín, en la escuela Pedro de Mendoza, en el barrio de la Boca. Debido a la pandemia, tuvieron que suspender los trabajos y ahora se han retomado. Es un total de 17 obras y ya fueron recuperadas dos.

    De los 17 murales, 13 fueron pintados en las aulas, dos están situados en el patio y fueron realizados en cerámicas, otro se encuentra en el hall del primer piso y hay una pintura en cemento policromado que se ve en la entrada.

    Matilde Pirovano, directora de Gestión Cultural del Ministerio de Educación de la Ciudad, que es el organismo encargado de la restauración explica que comenzaron por las pinturas que estaban más dañadas. La primera, "Cargadoras de naranjas en Corrientes", se terminó en 2019. "Estaba tan deslucido que las naranjas parecían papas" y el segundo es "Buzos en el fondo del mar". En los últimos días comenzó la restauración de "Regreso de la pesca", el tercer mural que recuperará su imagen.

    Cargadoras de naranjas

    El equipo de las restauradoras está integrado por: Alejandra Rubinich, Luciana Feld, Michelle Pereyra Casado, Marina Ottone, Zulma Abate y Judith Fothy.

    En los dos primeros murales intervinieron dos restauradoras profesionales y tres alumnas avanzadas. "Se hace un largo trabajo previo, de un mes, investigando los materiales usados en cada mural y su historia", comentó Judith Fothy.

    Las jornadas de trabajo son de unas 7 horas, que siempre están condicionadas por la propia actividad de la escuela y por los protocolos pandémicos. De a dos por andamio, las expertas van removiendo el barniz, reparando daños, recuperando la magia de Quinquela. La recuperación de cada pintura demora entre 5 y 6 meses y por ello, se estima que demorarán unos tres años para recuperar todos los murales.

    Restauradoras murales de Quinquela Martin

    La humedad del Riachuelo, el polvillo ambiental, la exposición a la luz directa y algún que otro pelotazo de los chicos fueron dejando a los murales muy degradados. Pero con el trabajo actual se alcanza hasta un 90% de recuperación.

    La escuela Pedro de Mendoza fue una de las donaciones que Quinquela Martín hizo a su querido barrio de La Boca y fue inaugurada el 18 de julio de 1936. Quinquela eligió el terreno donde antes había funcionado una fonda en la que se habían conocido sus padres, según cuenta Víctor Fernández, director del Museo Benito Quinquela Martín, que queda en el mismo edificio.

    También se sabe que cuando Quinquela propuso pintar los murales en las aulas, las autoridades educativas se oponían, argumentando que podían distraer la atención de los alumnos e incluso podían sentirse cohibidos para desarrollar su propia creatividad, pero el pintor no pensaba igual y fue por eso que decidió, aún sin autorización, pintar igual, a escondidas. Entre 1935 y 1936, en su taller fue pintando los paños que, luego unidos, conforman cada mural. Están hechos sobre un material llamado "celotex", un aislante de aglomerado de cartón, similar a lo que hoy se conoce como durlock.

    El objetivo que llevó a Quinquela a querer pintar sus murales en las aulas era que los chicos vieran lo que eran los oficios y la cultura de La Boca, ese barrio portuario de marineros, barcos, cargadores, carnavales, músicos y artistas.

    Es importante destacar que además de los murales que realizó para esta escuela, creó un total de 76, que están distribuidos en distintos puntos del país e incluso algunos fueron realizados en forma conjunta con otros artistas.

    Benito Quinquela Martín fue un niño abandonado en la Casa Cuna y adoptado por una familia humilde, dueña de una carbonería en Irala al 1500. Sus padres adoptivos fueron Manuel Chinchella y Justina Molina. Se estima que su fecha de nacimiento fue el 1° de marzo de 1890.

    A los 14 años comenzó a trabajar en la carbonería de su padrastro, en Irala al 1500, mientras concurría a una modesta academia nocturna de dibujo del barrio de la Boca. Tras abandonar sus estudios primarios, ingresó a una academia de su barrio donde realizó cursos de pintura y comenzó a hacer retratos para la gente del barrio hasta decidir dedicarse a pintar temas portuarios.

    Su primera obra fue un retrato de un señor en un café, lo pintó y lo cambió por un café con medialunas.

    Para realizar sus pinturas, no utilizaba pinceles, utilizaba una especie de cuchara a manera de espátula, que cargaba con grandes cantidades de óleo. Su temática siempre fue el puerto.

    Cuando comenzó a ganar dinero, compró para sus padres una casa en la calle Magallanes 885/89. Donó al municipio su casa y terrenos linderos, donde hoy funciona el museo que lleva su nombre, una escuela primaria y el Teatro de la Ribera, pero además, creó un lactario, inaugurado el 4 de octubre de 1947, donde las amas de leche dieron alimento a los niños abandonados o pobres, una escuela de artes gráficas para que se especializaran los niños del barrio y un instituto odontológico modelo, que él no tuvo, por lo que siempre padeció una dentadura muy mala y también un jardín de infantes. Todo lo que recibió lo dio, porque sin duda el "ser feliz es dar sin esperar recibir", según decía el pintor.

    Quinquela murió en el 28 de Enero de 1977 y él mismo había pintado su féretro con motivos de barquitos, pintados de colores verdes, naranjas y celestes porque él decía que si había vivido entre colores también quería morir con ellos.


    Susana Espósito - Publicada el Miércoles 27/10/21 - 5379 caracteres