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  • Los fantasmas del Museo Isaac Fernández Blanco

    El 25 de mayo de 1922 se inauguró el Museo Isaac Fernández Blanco, en el barrio de Retiro y el próximo miércoles se cumplirá su 94 aniversario.

    Fue el primer museo privado en la Argentina, con un patrimonio formado por la colección privada que Fernández Blanco había atesorado durante varias décadas y posteriormente, se fue ampliando con donaciones de varias familias de la aristocracia porteña, que quisieron ubicar sus objetos familiares en un lugar prestigioso.

    El museo ocupa lo la que fue residencia familiar de Fernández Blanco y cuando en septiembre de 1921 decidieron mudarse, convirtieron la mansión en museo permanente, donando la vivienda a la Municipalidad de la Ciudad, que inauguró el museo el 25 de mayo de ese año, como museo municipal.

    Sin embargo Fernández Blanco continuó, hasta su muerte en 1928, comprando y donando objetos para acrecentar el patrimonio del museo.

    En 1963 el patrimonio del museo fue aumentado gracias a la donación de 750 piezas por parte de Celina González Garaño. A estas obras de arte colonial americano se le sumó otra gran donación por parte de su cuñada que donó su colección de arte jesuítico-guaraní, parte de ella en 1972 y el resto tras su muerte en 1989.

    También el propio museo ha comprado piezas que se sumaron al patrimonio, por ejemplo tras las modificaciones que debieron hacer los diferentes conventos e iglesias católicas tras el Concilio Vaticano II, mucho de su patrimonio artístico fue comprado por este museo.

    Más allá de ser uno de los más interesantes y que vale la pena conocer, no solo por lo que en él se exhibe, sino por su bella arquitectura neocolonial, mérito del arquitecto Martín Noel, que lo proyectó; podemos agregar, como perlita, que el museo también atesora algunas historias de fantasmas.

    Siempre hubo comentarios acerca de extraños sucesos que tuvieron lugar en la residencia, a fines de la década de 1920.

    En 1928 visitó Buenos Aires el presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, y fue alojado en la Mansión Noel. Algunos integrantes de su comitiva denunciaron haber visto una misteriosa figura que se paseaba por los jardines, y el propio Hoover se quejó de no poder dormir debido a los lamentos y ruidos de puertas que se escuchaban por la noche.

    En 1940, el poeta Oliverio Girondo y su esposa vivían en la casona contigua a la mansión principal y por las noches percibían una extraña presencia femenina en los patios andaluces. Algunos amigos del matrimonio que visitaban la casa, llegaron a sostener que habían intercambiado algunas palabras con la espectral dama, y Manuel Mujica Láinez solía trasladarse de un salón a otro de la casa porque decía que una joven lo perseguía.

    Estas son solo dos historias, entre muchas otras, que nos dejan pensando si solo se trata de un mito, una leyenda, que ya forma parte del patrimonio intangible del museo o una realidad que solo pudieron descubrir quienes habitaron el lugar.


    Susana Espósito - Publicada el Lunes 23/05/16 - 2945 caracteres