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    Segunda edición del Festival El Tornillo

    El sábado 21 de marzo, en el Teatro de la Ribera, situado en Pedro de Mendoza 1821, en el barrio de la Boca, finalizará el Festival El Tornillo, que había comenzado el pasado 27 de febrero.

    Quinquela MartínLa Orden del Tornillo fue fundada por Benito Quinquela Martín y funcionó entre 1848 y 1977 en la casa que hoy es museo en La Boca; hasta el sábado, en el Teatro de La Ribera hay espectáculos gratuitos en homenaje al artista y “tornillos” consagrados como Tita Merello, Mariano Mores y hasta Charles Chaplin.

    Benito Quinquela Martín decía que al mundo le falta un tornillo y entregaba la insignia de La Orden del Tornillo a quienes consideraba que como a él, le faltaba un tornillo.

    Esa fue la Orden más disparatada de la que haya memoria, de la que fue Gran Maestre y con la que reconoció, desde el barrio de La Boca, a artistas de todo rango y en todas las disciplinas con una sinrazón orientada al bien común, el amor al arte, la capacidad de soñar y la elevación del espíritu. Estos locos lindos realizaban sus tertulias en la casa del pintor y también en el sótano del Tortoni.

    Conmemorando aquellos "locos eventos" el Complejo Teatral de Buenos Aires organizaron el Festival del Tornillo, en el Teatro de la Ribera (fundado por el artista al lado de su casa, hoy museo), que este sábado culmina con una jornada de teatro para adultos y para niños, danza, cortometrajes y un taller participativo de mosaiquismo.

    La idea del querido pintor era homenajear a los artistas, músicos, escritores y otras personalidades que tenían, según consideraba, una locura luminosa.

    Festival TornilloLa orden se fundó el 18 de abril de 1948, cuando el ceramista y “poeta de la pátina” Lucio Rodríguez le llevó al pintor un ferruginoso tornillo (que era en realidad de material plástico patinado) y le dijo: “Tome maestro, por si le hace falta”. Desde entonces y hasta su muerte en 1977, se celebraba la cena de la Orden donde se servía como único plato tallarines de colores y pastafrola y se ungían nuevos miembros de la hermandad con la consigna: “Este tornillo no los volverá cuerdos, muy por el contrario, los preservará contra la pérdida de esa locura luminosa de la que se sienten orgullosos”.

    Hubo más de 300 “atornillados”, entre artistas, escritores, músicos, periodistas, cantantes, científicos, magistrados, diplomáticos, estadistas, benefactores, sin importar su jerarquía sino por elevación espiritual: Tita Merello, Mariano Mores, Luis Sandrini, Francisco Canaro, Alberto Ginastera, Antonio Porchia, Fortunato Lacámera, Miguel C. Victorica, Charles Chaplin (la recibió su hija Geraldine), Fernán Félix de Amador y Conrado Nalé Roxlo, entre otros.

    Para las ceremonias de La Orden del Tornillo, las tertulias que organizaba Benito Quinquela en su casa los domingos, el pintor se ponía un frac naval con botones de tornillos.

    Sobre tablas grandes colocadas sobre caballetes a modo de mesa, se disponía papel madera por mantel. Todo estaba cronometrado, se comenzaba puntualmente a las 21.01, se servían los spaghetti de colores con salsa de tomate y pan colocado directamente sobre la mesa. Para beber, vino tinto, preferentemente mendocino en jarras pingüino. Luego, pastafrola o tarta de ricota y a las 21.45 horas se tomaba café.

    Posteriormente, Quinquela vestido con su pintoresco frac naval con tornillos como botones y sus condecoraciones, a su decir, “ganadas en mil batallas contra el hastío”, realizaba la ceremonia de la entrega del tornillo, donde luego de una serie de humoradas le otorgaba al elegido un diploma firmado por él y los asistentes al acto, y le daba la preciada condecoración consistente en un collar con un gran tornillo que se le colgaba en el cuello y otro pequeño tornillo que se le colocaba en la solapa del saco, que hacía de insignia: “Luciendo mi uniforme de gran maestre, con abundancia de jalones y orlado de simbólicos tornillos, entrego a los nuevos miembros de la Orden el diploma que los acredita como tales y coloco con aparente solemnidad la preciada condecoración, consistente en un tornillo dorado, que pende de un cordón de color”, expresaba Quinquela. Luego, giraba al candidato, dejándolo de espaldas a él. Con un bastón de mando le pegaba en la nuca y le decía: “Ya estás atornillado, pero no te lo ajustes demasiado que es conveniente llevarlo flojo”. A las 22.30 se sacan las mesas para disfrutar en ronda de la guitarra y el piano. Se entonaba alguna zamba y alguien recitaba, y a las 23.30 en punto el Gran Maestre ponía a todo el mundo de patitas en la calle. Todo en su justa medida y armoniosamente. Locos lindos.

    La noticia de la Orden fue difundida, y cuando Quinquela viajaba a inaugurar exposiciones de sus pinturas, visitaba también filiales de la Orden instauradas por fervientes seguidores en Santa Fe, Córdoba, Rosario, Bahía Blanca, Rafaela y Tres Arroyos. La fama llegó tan lejos que un día recibió una carta del Vaticano, donde le pedían explicaciones de la nueva orden. Quinquela respondió: “Perseguimos finalidades de carácter espiritual y buscábamos la hermandad de los cultores del arte, enamorados del ensueño, que nos acerca a Dios”.

    Víctor Fernández, director por años del Museo Quinquela y estudioso del artista, señala: “Esa ceremonia tiene mucho que ver con el ADN del barrio y de las apuestas de Quinquela. Es la celebración del color, la celebración del otro lado de la vida. No es casual que las insignias de Quinquela fueran el color. El color en esa época era la expresión de lo pasional, de lo no del todo razonado, en antagonismo con el imperio de la forma, normalmente de colores neutros o blancos. Es pararse desde el otro lado, desde el lado de la sinrazón, pero no de cualquier locura. Ellos la llamaban locura luminosa, que es la que fructifica en beneficio de los demás”.

    El Teatro de la Ribera fue una de las donaciones que Quinquela le ofrendó al barrio y sobre ese escenario se desarrolla el Festival El Tornillo, un proyecto realizado por los trabajadores del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA), acompañados por su dirección general y la delegación gremial. En esta segunda edición, el festival convocó a la comunidad del Complejo Teatral a presentar sus proyectos de arte en las categorías Teatro, Danza, Títeres, Música, y a participar a través de los distintos oficios teatrales que componen esta actividad.


    Susana Espósito - 6306 caracteres – Jueves 19/03/26 - Fuente consultada: LN