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¿En el país de la carne se come mondongo?A pesar de las declaraciones del oficialismo acerca de una inflación y pobreza que bajan, al igual que la desocupación, la realidad que vivimos a diario nos indica lo contrario. No se comprende cómo baja la inflación cuando en el supermercado gastamos cada día más, cierran locales y fábricas y cada vez hay más gente durmiendo en la calle...
Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, se contabilizaron más de 22.600 empresas cerradas: Sectores como electrodomésticos (Whirlpool), textil (Luxo, Cocot) y autopartes (Dana) sufrieron cierres o recortes, impulsados por la caída en ventas, altos costos y apertura importadora, entre otros factores que provocaron estos cierres. Se estima una pérdida de más de 327.000 empleos registrados en el periodo. Salir a la calle es encontrar, en cada cuadra; gente durmiendo en las veredas y en el ingreso a Instituciones bancarias, en el espacio donde se ubican los cajeros automáticos. Los precios de verduras y frutas están por las nubes y como si fuese poco, "en el país de las mejores carnes, no podemos consumirlas por el alto precio". Es insólito que un peceto cueste $ 88.000 y un lomo, $ 91.000... ¿Qué debemos hacer, sobre todo los jubilados o los que tienen un sueldo mínimo, deben ir como en tiempos de la colonia a pedir cortes de descarte a algún matadero? Trae a la memoria aquellos tiempos en que la alta sociedad que habitaba San Telmo, hasta la epidemia de fiebre amarilla, la gente humilde, sin medios para poder comer, iban a pedir al matadero algo para poder alimentarse y se les regalaba mondongo, porque era lo más barato. Eso derivó en llamar a San Telmo el "barrio del mondongo". Ahora, la casta come muy bien (desde las famosas milanesas de un ex presidente a la entraña a la parrilla del actual presidente) y los pobres jubilados y la clase trabajadora, no llegan a mitad de mes, no tienen manera de poder comer y mucho menos, carne, pero ahora, tampoco tienen la posibilidad de ir a pedir, ni siquiera, mondongo, porque aquellos cortes y visceras que se regalaban, también se venden y hasta se han puesto de moda (por ejemplo, el osobuco) y los cobran bien caros.
Los datos surgen de un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), que dio cuenta de una actividad en retroceso. En febrero se faenaron 924.300 cabezas, un 10,7% menos que un año atrás, mientras que en el acumulado del bimestre la caída llegó al 11,1%. Esa menor actividad se tradujo directamente en menos carne producida. En el primer bimestre se generaron 457.000 toneladas res con hueso, lo que implicó una baja interanual del 9,1%, equivalente a unas 45.500 toneladas menos. Menor faena y menos oferta: la escasez de hacienda empuja los precios y golpea el consumo, que además enfrenta la competencia del cerdo y el pollo. El deterioro del poder adquisitivo impacto en el consumo. Con menos hacienda disponible, la oferta se achicó y los precios reaccionaron al alza. En febrero pasado, el valor de la hacienda en pie subió 8,5% mensual y 72,7% interanual, en un contexto en el que el valor relativo del ganado alcanzó los niveles más altos de los últimos quince años. Este movimiento también se reflejó en el mostrador. Según el Indec, en febrero los precios de “carnes y derivados” aumentaron 7,2% en el GBA, muy por encima del promedio de alimentos (3,3%), y acumularon en el primer bimestre subas cercanas al 11%, casi el doble de la inflación general del período (5,9%). En el detalle por cortes, las subas fueron generalizadas: el asado avanzó cerca de 10%, mientras que la carne picada, la paleta, el cuadril y la nalga registraron incrementos de entre 11% y 12%. El presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya), Leonardo Rafael, advirtió que la caída se viene profundizando desde hace varios meses. “Desde octubre a la fecha viene cayendo mucho. Pero no solamente de nuestro producto, sino de todo”, señaló. Remarcó que el problema es que la suba de precios no está acompañada por una mejora en el bolsillo del consumidor. “Vienen aumentando un poco las cosas y los bolsillos quedaron igual, entonces la gente tiene que suprimir algún producto para poder llevar el que necesita. Eso sacó poder de compra”, afirmó, y agregó: “Se ha caído la faena y se ha caído el consumo”. Susana Espósito - 5002 Caracteres – Lunes 23/03/26 |