OPCIONES
DEL MENU

  • Home
  • Noticias de la Ciudad
  • Historia de la Ciudad
  • Barrios Porteños
  • Edificios destacados
  • Monumentos
  • Turismo en la Ciudad
  • Poco conocido
  • Costumbres Porteñas
  • Filete Porteño
  • Antiguos oficios
  • Qué es el Tango?
  • Qué es la Milonga?
  • Cena Show
  • Contacto


  • Usted es el visitante

    Desde 01/01/2016




    ¿Qué pasa con la reiterada frase "estoy cansado"?

    Los adultos mayores de 60 años están cada vez más activos, intentan moverse, comer sano, para lograr mejor calidad de vida, poder vivir más años y mejor. La otra cara de la moneda nos muestra que los jóvenes son los que más dicen "estoy cansado", no doy más...

    Parece que dormir ya no alcanza para sentirse descansado y atribuyen el cansancio a la fatiga del siglo XXI que es cognitiva, emocional y estructural.

    Según Thomas Edison, “No hay mayor pérdida de tiempo que dormir”, porque las horas de descanso eran una interrupción innecesaria para la productividad y si bien algunos lo han tomado muy en serio, duermen poco y trabajan mucho, otros, a pesar de dormir mucho, igual dicen estar cansados.

    CansadoUna investigación sobre hábitos de bienestar de la consultora internacional Ipsos y el Global Institute for Wellbeing, reveló que más del 62% de las personas aseguran sentirse física o mentalmente agotadas al menos tres veces por semana. Otro estudio, realizado por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21, identificó que el 47% de los trabajadores argentinos describen su nivel de energía como “bajo o muy bajo” en los últimos meses y entre los adolescentes, los últimos datos de UNICEF en conjunto con el Instituto Gino Germani señalan que casi 7 de cada 10 se sienten cansados incluso después de haber dormido más de siete horas. La sensación de fatiga ya no distingue edades ni estilos de vida: se ha convertido en un telón de fondo compartido. Lo manifiestan chicos de 8 años, adolescentes hiperestimulados, adultos jóvenes que no logran concentrarse, y abuelos que sienten que nunca desconectan.

    Algunos especialistas dicen: “Vivimos en una sociedad que nos demanda estar disponibles, actualizados, productivos y emocionalmente estables todo el tiempo. La frontera entre el trabajo y el descanso se volvió difusa”. Esa línea nos acompaña desde que abrimos los ojos hasta que los volvemos a cerrar, conectados a pantallas, alertas, chats, reuniones y exigencias. Dormimos menos, descansamos peor, vivimos en estado de alerta y el cuerpo, inevitablemente, se agota.

    El doctor Conrado Estol, neurólogo especializado en prevención vascular, lo dice con claridad: “Nuestros abuelos terminaban su día con un cuerpo agotado. Nosotros, con la mente agotada”. La sobrecarga ya no es física, sino cognitiva. Trabajamos sentados, sin movernos, pero resueltos a recordar contraseñas, gestionar vínculos, comparar decisiones, resolver problemas y todo eso ocurre con la atención fragmentada por el multitasking. “Nos agotamos sin alcanzar una sensación de logro”, señala Estol. Y como si no bastara con eso, también convivimos con una cultura de exigencia constante que impone la perfección como estándar y la autoexigencia como virtud.

    Los estudios lo confirman. Desde la Universidad de California, Matthew Walker, neurobiólogo, demostró que el sueño inadecuado desconecta la corteza prefrontal del sistema límbico, alterando la capacidad de regulación emocional. “El sueño debería considerarse un pilar de la salud al mismo nivel que la nutrición y el ejercicio físico”, insiste Walker. Dormir mal no sólo genera cansancio físico. También nos hace más reactivos, más ansiosos, más propensos al mal humor y a los conflictos interpersonales.

    El equipo del psicólogo Michael Bennett, de la Universidad de Nueva York, publicó una investigación sobre adultos jóvenes que duermen lo suficiente, pero reportan sentirse exhaustos. La conclusión fue contundente: “La hiperconectividad perpetúa una sensación de exigencia permanente que el sueño nocturno, por sí solo, no puede reparar”. El cansancio, entonces, ya no responde únicamente a la falta de sueño, sino a un sistema de vida que no permite desconexión.

    Algunas recomendaciones de varios especialistas consultados son:

    - “Intentá respetar una rutina de sueño constante, incluso los fines de semana. La regularidad es tan importante como la cantidad de horas dormidas”, sugiere Matthew Walker.

    - “Ajustá los horarios de descanso a tu cronotipo. Dormir en contra de tu ritmo biológico agota más que dormir poco”, indica Satchin Panda.

    - “Buscá momentos de reposo sin estímulos visuales, aunque no duermas. El descanso sin pantallas también repara”, suma Andrew Huberman.

    - “Incorporá siestas breves de 10 a 20 minutos. Funcionan como reinicios mentales sin necesidad de llegar al sueño profundo”, aporta Sara Mednick.

    - “Evitá el multitasking: hacer muchas tareas a la vez disminuye la efectividad y agota tu capacidad de atención”, advierte Conrado Estol.

    - “Escuchá lo que tu cuerpo y tu mente necesitan. El cansancio es una señal, no una falla”, agrega Adriana Martínez.

    - “No llenes todos los espacios vacíos del día. El aburrimiento también tiene valor regenerativo”, afirma Rocío Ramos Paul.

    - “Cuidá tu alimentación. Un intestino inflamado puede generar una fatiga persistente que no se resuelve durmiendo”, agrega Facundo Pereyra.

    - “Limitá la exposición a pantallas al menos una hora antes de dormir. La luz azul retrasa la producción de melatonina”, anuncia Eve Van Cauter, Universidad de Chicago.

    - “Recordá: descansar es un acto de salud, no de pereza. La pausa también es productiva”, sentencia Aric Prather.


    Susana Espósito - 5228 caracteres – Lunes 09/03/26