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    Desde 01/01/2016




    La araña del Teatro Colón y sus secretos

    El majestuoso Teatro Colón, uno de los teatros de Opera más importantes del mundo, maravilla a quienes lo visitan por su sala exquisitamente decorada y uno de los detalles que captura la mirada de todos es la araña, que tiene algunos secretos bien guardados.

    Con un peso de 1300 kilos y 735 lámparas, la araña cuenta con un mecanismo que permite su descenso todos los años, cada verano, para su mantenimiento y puesta a punto, porque es importante que luzca como el primer día. Este trabajo se realiza cada verano, aprovechando el período de receso de los cuerpos artísticos y por eso, se la prepara para el inicio de la nueva temporada.

    La araña fue construida en Europa a fines del siglo XIX y es la original, colocada en 1908, cuando se inauguró el Teatro Colón. Está compuesta por dos partes: una fija -amurada al techo- de siete metros y medio de diámetro y otra desplazable, de cinco metros y medio de diámetro y casi cuatro de alto, que constituye su plafón central.

    La Directora General, María Victoria Alcaraz, y el Director Técnico-Operativo, Juan Manuel López Castro, supervisan atentamente el proceso, que comienza a las ocho de la mañana y finaliza aproximadamente a las siete de la tarde.

    La araña es descendida 30 metros, queda a la altura de la platea y entonces se realiza la limpieza, el cambio de lámparas y todo lo que requiera para su puesta a punto. Las partes metálicas son limpiadas con la utilización de paños especiales.

    Finalmente, durante la última hora de este proceso, que insume casi medio día, se realiza la prueba de encendido, apagado, enfriado y vuelta a encender, para verificar que todo esté en orden antes del ascenso. También se aprovecha esta oportunidad para el recambio, reparación y limpieza de las lámparas del proscenio, a ambos lados del escenario.

    Un minucioso trabajo, después del cual vuelve a izarse para reinar nuevamente en la sala.

    En el año 2010, se modernizó el sistema de descenso e izado de la araña y se repusieron faltantes con nuevas piezas reconstruidas artesanalmente por Juan Carlos Pallarols. También se mantuvo uno de los secretos más preciados que alberga este espacio: el corredor sobre la cúpula que permite ubicar allí a coreutas y músicos y generar voces y sonidos celestiales en las representaciones que busquen este efecto especial.


    Susana Espósito - Publicada el Jueves 02/02/17 - 2342 caracteres